Von Barring me alargó la mano,le dio a la mía un apretón enérgico,amistoso...Yo no me recuperaba de mi asombro.Es la clase de cosa que un oficial del Ejército prusiano no puede sencillamente hacer;pero él lo hizo,y después de hacerlo,me dijo:
-Bienvenido,muchacho,bienvenido a la quinta compañía.Te han metido en un regimiento asqueroso,pero aquí vamos todos juntos y nos defendemos lo mejor posible.Busca el camión número 24 y preséntate al
Unteroffizier Beier;él es el jefe de la sección número 1.
Luego sonrió;la sonrisa abierta,sincera,amistosa de un joven oficial sin complejos,agradable,simpático.
¡Me quedé completamente atónito!
Encontré el camión 24 y alguien me indicó el
Unteroffizier Beier,un hombrecillo de unos treinta y cinco años,vigoroso,que jugaba a los naipes con otros tres sujetos sentados alrededor de un tonel.Me detuve a la distancia reglamentaria de tres pasos,hice chocar violentamente mis tacones y empecé con voz resonante:
-
Herr Unteroffizier,el soldado Sv...
No pude proseguir.Dos de los cuatro sujetos se habían levantado de un salto de los cubos invertidos sobre los que estaban sentados,y estaban ahora en posición de firmes,rígidos como postes,con los dedos pegados a la costura del pantalón,en tanto que el suboficial y el cuarto individuo se dejaban caer al suelo,con los pies por el aire,enviando a revolotear sus cartas alrededor de ellos como hojas muertas arrastradas por una borrasca otoñal.Por un instante,los cuatro me contemplaron fijamente.Luego,un corpulento
Obergefreiter pelirrojo exclamó:
-¡Válgame Dios,compañero!¡Valiente susto nos has dado!¡Cualquiera creería que nuestro Adolfo nacional se te ha metido en la piel!¿Qué mosca ha podido picar a un tonto de pueblo como tú para que permitas interrumpir las ocupaciones inocentes de unos burgueses apacibles como nosotros?¡Vamos,habla!
-Se presenta el soldado Sven Hassel,
Herr Obergefreiter.Orden del teniente Von Barring para que me presente al jefe de la sección número 1,el
Unteroffizier Beier...
Beier y el cuarto hombre se levantaron y el cuarteto me contempló con ojos horrorizados .Un solo ademán suplementario ,decían claramente sus expresiones aterrorizadas,y todo el mundo huiría pegando alaridos.Y luego,bruscamente,estalló una risa general,homérica.
-¿Le habéis oído?
Herr Obergefreiter.¡Ja,ja,ja!
Herr Unteroffizier Beier.¡Ja,ja,ja!
El
Obergefreiter pelirrojo se inclinó profundamente ante Beier y prosiguió:
-¡Su Honorable Excelencia!¡Vuestra Gracia,adornada con todas las virtudes!Vuestra cautivadora Magnificencia,
Herr Unteroffizier Beier,imploro de su bondad...
Yo los contemplaba estúpidamente,a uno después del otro,incapaz de captar la gracia de la situación.Cuando hubieron dominado su paroxismo de hilaridad,el Unteroffizier me preguntó de donde venía y mi respuesta obtuvo inmediatamente todas sus simpatías.
-Ponte cómodo en el piano,amigo -continuó el pelirrojo-.¡El batallón disciplinario de Hannover!¡Ahora comprendemos el motivo del porqué y el cómo!De momento,hemos creído que tomabas el pelo al golpear los tacones de esta manera;pero supongo que es un auténtico milagro de Dios el que te queden aún tacones que hacer chocar.¡Bueno,estás en tu casa!
Estas palabras señalaron mi entrada en la seccion 1.ª,y menos de una hora más tarde ,rodábamos hacia Friburgo donde debíamos ser constituidos en unidades combatientes que a continuación serían enviadas,para entrenamiento supletorio,a las cuatro esquinas de una Europa presa de locura.
La legión de los Condenados,Sven Hassel